En el 2do aniversario de su elección algunos vaticanistas evaluaron el pontificado de Francisco como demasiado duro y “bastoneador”, especialmente con la Curia vaticana. Tanto, que hasta se lo acusa de dar al mundo la imagen de que en la Curia son todos malos y corruptos, sobre todo después del diagnóstico de las 15 enfermedades espirituales.

Además de recordar que el Papa ha respondido varias veces que en la curia hay mucha gente buena, y para aquellos que de verdad quieren comprender a aquel que en este momento lleva firme el timón de la Iglesia, considero que no nos podemos quedar en la superficie de las apariencias, como el mismo Francisco dijo en la homilía del acto penitencial del viernes 13 de marzo, sino que hay que entrar en la médula de la conducción ignaciana de un cuerpo, de una comunidad, de una familia. Y esta conducción es espiritual, en el marco de la lucha espiritual que todo discípulo misionero debe sostener para vivir la alegría del Evangelio.

El título del libro de los ejercicios de oración y discernimiento de Ignacio de Loyola, que se practican por un mes y continúan en la vida diaria del jesuita dice: “Ejercicios Espirituales para vencerse a sí mismo y ordenar la vida sin determinarse movido por una afección que sea desordenada”. En el número 32 san Ignacio enseña: “Presupongo que hay tres pensamientos en mi: uno propio mío, el cual sale de mi propia libertad y querer, y otros dos que me viene de afuera, uno que viene del buen espíritu y otro del malo”. Y en el título de las reglas de discernimiento: “Reglas para sentir y conocer las varias mociones que se producen en el alma: las buenas para aceptarlas y recibirlas y las malas para rechazarlas”.

Esto ¿tiene que ver con la famosa reforma de la curia vaticana?

En la reforma de la Curia, solicitada por los mismos cardenales durante las Congregaciones antes del Cónclave y deseada por tantos en el mundo, el Papa apunta a la conversión interior. Se trata fundamentalmente de una “conversión pastoral”, que requiere el examen de conciencia para recibir lo de Dios y rechazar lo que nos enferma y corrompe espiritualmente, en el marco del combate espiritual, de la lucha interior para salir de la auto-referencia y que el centro de la vida del cristiano y la Iglesia sea Jesús de Nazaret en el hermano que sufre y no “el propio querer e interés” como dice san Ignacio.

Todo esto ¿no es fácil?

¡No! Con la ayuda del Señor y de la Virgen, tenemos que luchar con la oración para conocer y actuar la voluntad de Dios para la cura y salud de las almas en un mundo tan masacrado por el mal y la corrupción. Pero tenemos un Papa luchador, en el mejor de los sentidos. Recemos por él.

FUENTE: SANTA ROSA.COM.PE